En la noche del 20 de mayo, un ataque sicarial sacudió la carrera 30 con calle 5 de Yopal. Dos personas, un hombre y una mujer que se desplazaban en una motocicleta, dispararon contra un individuo cuya identidad aún no ha sido confirmada oficialmente por las autoridades. La víctima fue trasladada a un centro asistencial, donde permanece bajo observación médica y custodia policial, según reportes preliminares.
El gremio de taxistas, conocido como el gremio amarillo, fue el primero en alertar a las autoridades y en reaccionar. Durante un lapso de tiempo, algunos de los conductores siguieron con cautela a la pareja de sicarios.
El rastro los llevó por la carrera 5 hacia el sector de Llano Lindo y más tarde al barrio Los Ángeles. Allí, el seguimiento se suspendió. La razón, explican los taxistas, fueron las condiciones de seguridad de esa zona, considerada de alto riesgo.
Pero lo que más inquieta a los conductores es lo que ocurrió después. Los taxistas denunciaron, de manera reservada, que informaron en tiempo real a las autoridades sobre la ruta de escape de los agresores. Pese a ello, aseguran que ningún uniformado hizo presencia ni acompañó la persecución. El eco de sus llamados, dicen, se quedó sin respuesta.
La noche violenta no fue un hecho aislado. Extraoficialmente se conoció que, días antes, un comerciante habría recibido un ataque con disparos de arma de fuego en el sector de la calle 29. En ese caso, la víctima resultó ilesa.
Las versiones no confirmadas apuntan a que se trataría de retaliaciones por parte de grupos delincuenciales organizados ante la negativa al pago de extorsiones.
Al ser consultadas sobre estos dos episodios, algunas autoridades de la ciudad manifestaron no tener conocimiento de los hechos. De ser así, ninguna investigación ni operativo se habría iniciado hasta el momento.
La deducción es preocupante: al menos dos ataques con arma de fuego en menos de una semana podrían estar navegando en la impunidad, sin que la Fiscalía o la Policía hayan puesto en marcha sus mecanismos.
