Venezuela enfrenta una jornada de profunda incertidumbre tras el registro de dos potentes movimientos telúricos que sacudieron el eje norte y occidental del país este miércoles. El fenómeno natural, ocurrido a las 5:04 p. m. hora local, tuvo su epicentro en las cercanías de Montalbán, en el estado Carabobo, y se sintió con una intensidad violenta en gran parte del territorio nacional y regiones vecinas de Colombia. Mientras que agencias locales reportaron magnitudes de 7.0 y 7.2, el Servicio Geológico de Estados Unidos situó la medición más alta en 7.5 grados, calificando el evento como superficial debido a su profundidad de apenas 13.2 kilómetros.
La capital del país se transformó rápidamente en un escenario de angustia cuando el sacudón provocó el desprendimiento de fachadas y agrietamientos severos en edificios del centro y este de la ciudad. En el sector de Altamira, el edificio residencial Petunia colapsó por completo, dejando una hilera de vehículos aplastados bajo toneladas de concreto y mampostería.
El Aeropuerto Internacionalde Maiquetía se encuentra cerrado por graves daños estructurales y solo organimos de emergencia y autoridades pueden ingresar.

Al mismo tiempo, en la urbanización San Bernardino, los cuerpos de socorro trabajan en la remoción de escombros de una estructura parcialmente derrumbada donde ya se confirman varias personas heridas. La urgencia de las autoridades es máxima ante la posibilidad de que ciudadanos permanezcan atrapados en los puntos críticos de la urbe.
El impacto más severo se localiza en la zona cero del desastre, el municipio Montalbán en el estado Carabobo, donde se reportan colapsos totales de viviendas y una interrupción crítica de la conectividad vial por fallas en la Redoma de Morón.
El pánico no discriminó locaciones; el Estadio Universitario interrumpió un juego de béisbol profesional cuando jugadores y fanáticos corrieron al centro del campo para protegerse, mientras que en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía se registró la caída de tramos del techo en los pasillos de tránsito de pasajeros.
Las autoridades instaron a la población a evacuar edificaciones y no retornar a sus hogares debido al alto riesgo que representan las réplicas inminentes y posibles fugas de gas.
Las proyecciones científicas internacionales dibujan un panorama sombrío para la nación. El sistema PAGER del Servicio Geológico de Estados Unidos activó su alerta roja, estimando un 44 por ciento de probabilidad de que la cifra de fallecidos se ubique entre los 10.000 y 100.000 muertos. Además de la tragedia humana, el organismo advierte sobre una catástrofe financiera, calculando que los daños materiales podrían representar hasta el 20 por ciento del Producto Interno Bruto venezolano.
La onda destructiva trascendió las fronteras terrestres y obligó a activar protocolos de emergencia en el Caribe.
El Sistema de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos emitió una advertencia para Puerto Rico y las Islas Vírgenes debido a la formación de fuertes corrientes marinas derivadas del movimiento telúrico. En el archipiélago puertorriqueño, la gobernadora Jenniffer González ordenó el retiro inmediato de los bañistas de todas las costas y pidió mantener la calma ante la llegada de olas de energía sísmica.
Aunque en Colombia se descartó la amenaza de tsunami para su costa caribeña, la alcaldía de Bogotá puso a disposición su brazo de socorro para colaborar en las labores de asistencia en el territorio venezolano.
