Pore, Casanare, se prepara para encender su ya reconocido alumbrado navideño, una tradición que ha escalado hasta convertirse en un referente a nivel nacional e incluso internacional.
Sin embargo, más allá del deslumbrante espectáculo de luces LED y piezas artísticas que transforman sus históricas calles, se esconde una profunda narrativa social forjada por la dedicación y el talento de más de 155 personas de la comunidad. Este proyecto, que ha superado los 10.000 jornales, ha generado un impacto económico y emocional invaluable para el municipio.


La gestación de este monumental trabajo es liderado por la artista María Consuelo Coronado, el proceso es riguroso, iniciando con el planteamiento de los diseños, seguido por la elaboración de estructuras metálicas, soldadura, carpintería, y finalmente, el área de recubrimiento textil y detalles artísticos.
Las temáticas de este año, denominadas «Jardines: un recorrido desde el cielo hasta llegar a Pore,» guían al turista a través de seis escenarios fascinantes, incluyendo el Jardín del Edén, Un Verano en París y el Valle de las Luciérnagas. Las «flores amarillas» no solo simbolizan la esperanza, sino que representan a cada mujer y hombre que participó en su tejido, reflejando sus valiosos sentimientos.
María Consuelo, quien se encarga de dirigir y afianzar las ideas generales, subraya que, para ella, el arte ha sido una poderosa estrategia para generar oportunidades. La esencia del programa es “Visibilizando Invisibles,” enfocándose en personas que, aunque a menudo pasan desapercibidas en la sociedad, poseen talentos impresionantes que este proyecto logra catalizar.
El taller se convirtió en un motor de desarrollo personal y comunitario. Mujeres, muchos de ellas madres cabeza de hogar, hombres, jóvenes y adultos mayores, han encontrado en la costura, la ornamentación, la soldadura y la pintura un camino para el crecimiento. La labor ha sido descrita por los participantes como una verdadera «bendición».


Una de las artesanas, por ejemplo, compartió que la actividad no solo le proporciona un ingreso, sino que le sirve como terapia emocional frente a situaciones difíciles, permitiéndole creer aún más en el potencial de su comunidad.
El proyecto ha despertado capacidades ocultas en los pobladores. El equipo de pintura, esencial para lograr los tonos vibrantes y degradados que dan ese «toque mágico» a las piezas, incluye profesionales y estudiantes. Sorprendentemente, talentos de áreas inesperadas, como una manicurista de Pore, fueron incorporados con éxito gracias a su habilidad para los acabados definidos y la mezcla de tonalidades. La pasión y la vocación, más que la experiencia formal, son la chispa que enciende esta creación.


Los artesanos han infundido en cada pieza, desde las camillas que reúnen cerca de 100 flores cada una, hasta los cuerpos de los árboles del Bosque Encantado, lo mejor de su corazón para el disfrute de los visitantes.
Mientras la instalación de las piezas culmina en el sector colonial, frente a las ruinas de la icónica iglesia, en el antiguo Idema (la gran bodega de arroz que sirvió de taller) el vacío ya se siente entre los compañeros. La culminación del trabajo implica el cierre de un ciclo, lo que deja un «corazón arrugado» en la líder del proyecto, que ha formado lazos de amistad y una gran familia con su equipo.
La invitación a los turistas, que el año pasado superaron los 65.000 y se espera que este año dupliquen la cifra, no es solo a admirar el arte, sino a valorar las manos hacedoras que se encuentran detrás de cada estructura iluminada. La labor ya cuenta con el compromiso administrativo para su continuidad, asegurando que la magia que nace del talento local siga beneficiando a Casanare.












