Casanare fue uno de los departamentos donde Abelardo de la Espriella se impuso en la primera vuelta presidencial del 31 de mayo. Un dato frío en el mapa nacional, pero en la política Casanareña ese resultado tiene nombre, apellido y un significado que va mucho más allá del conteo de votos: se llama Amanda Rocío González, y lo que ocurrió el domingo pasado en las urnas casanareñas es, quizás, su victoria más importante desde que llegó al Senado.
Con el 99,99% de las mesas informadas por la Registraduría, Abelardo de la Espriella obtuvo 10.361.413 votos a nivel nacional, equivalentes al 43,74%, consolidándose como el candidato más votado en primera vuelta. Ese torrente electoral no cayó en el vacío en Casanare. Alguien lo construyó municipio a municipio, vereda a vereda, con una maquinaria política disciplinada y una conducción estratégica que hoy pone a Amanda Rocio González en una posición de enorme influencia de cara a la segunda vuelta del 21 de junio.

Lo que Amanda Rocío González logró no fue obra de la improvisación. Fue el resultado de un trabajo paciente de articulación política que pocos habrían apostado a ver fructificar. Bajo su sombrilla se agruparon figuras de trayectoria y peso propio en el departamento: excongresistas de la talla de Jairo Cristancho, con décadas de capital político acumulado en la región; ex diputados como esmeralda Bohorquez, Blanca Lilia Vargas, York Cortes, Alexander Barrera y se dice que los diputados Juan Fernando Mancipe y Jorge Eduardo García, representantes de una nueva generación de liderazgos regionales con raíces en las comunidades llaneras.
la política tiene ciclos de ascenso y descenso, y Amanda Rocío González conoció también los momentos en que el espacio se cierra, cuando las coaliciones se rompen y cuando los reflectores apuntan hacia otro lado. Que hoy sea la figura que articula la fuerza más grande del departamento en una elección presidencial histórica no es casualidad: es la consecuencia de no haberse rendido.

Abrir espacios en política es difícil. Mantenerse en ellos, más aún. Pero resurgir desde la adversidad, con más votos, más aliados y más legitimidad que antes, eso es lo que distingue a los líderes que dejan huella de los que solo pasan.
La segunda vuelta entre De la Espriella y Cepeda se disputará el 21 de junio, y la pregunta clave que se instala en toda la clase política es hacia dónde fluirán los votos de los candidatos derrotados. Casanare, con sus más de 134.000 votos movilizados por González, no es un territorio menor en esa aritmética. Es una pieza que ahora tiene un valor de negociación concreto en la mesa grande de la política nacional.
Amanda Rocío González, la mujer que nunca bajó los brazos, termina esta primera vuelta en la posición más cómoda posible: como la líder regional indiscutida de una fuerza que ganó, con votos suficientes para hablar de igual a igual con quien pretenda gobernar la Casa de Nariño a partir de agosto.
