Yovanny García, representante legal del grupo impulsor de paz y reconciliación en Casanare, encabeza una iniciativa que busca sentar a antiguos adversarios en un mismo escenario para cerrar las heridas del conflicto regional.
Tras una serie de gestiones en la Comisión de Paz del Congreso de la República, el proceso ha avanzado con visitas directas a centros penitenciarios como La Picota y Cómbita. En estos lugares, líderes de las extintas Autodefensas Campesinas de Casanare y las AUC, entre ellos Martín Llanos y comandantes del Bloque Centauro, han manifestado su voluntad política para participar en un acto de perdón en el municipio de Monterrey.
El objetivo principal es que la verdad deje de estar resguardada tras las rejas y comience a fluir hacia las comunidades que sufrieron el rigor de la guerra.
La propuesta liderada por García establece que las víctimas son el eje fundamental y que sin ellas el proceso carecería de sentido. La ruta de reconciliación se ha estructurado en cuatro fases que incluyen la socialización, un acto público de perdón y la creación de oficinas donde excombatientes de diversos grupos compartan información específica sobre los hechos violentos.
Esta metodología pretende resolver la incertidumbre sobre el paradero de 3250 personas desaparecidas en el departamento, permitiendo que instituciones como la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas intervengan con datos precisos sobre fosas y terrenos.
El compromiso incluye también a antiguos integrantes de las FARC y miembros de la Fuerza Pública involucrados en ejecuciones extrajudiciales.
El éxito de este encuentro en Monterrey depende de la coordinación con el Ministerio del Interior y el respaldo de sectores académicos y religiosos que ya han mostrado su disposición de apoyo.
García sostiene que para avanzar es imperativo desarmar el corazón y los pensamientos, evitando que el rencor obstaculice la entrega de tierras y la reparación integral.
Como antecedente de esta voluntad regional, se destaca el eco del perdón que resonó recientemente en el Puente de Boyacá, donde antiguos enemigos emularon el armisticio histórico de 1820. En ese Altar de la Patria, excombatientes de las AUC y las FARC se despojaron de armas y escoltas para fundirse en un abrazo que simboliza el compromiso de no repetición y la búsqueda de una verdad que cure las cicatrices de Casanare.
