El Gobierno de Pakistán confirmó el lanzamiento de una ofensiva aérea sobre Kabul durante la madrugada del viernes 27 de febrero en ese país, cuando apenas atardecía en nuestro continente, declarando formalmente el inicio de una guerra abierta con su vecino país, Afganistán.
Esta medida representa el punto de quiebre más crítico en la compleja relación bilateral desde que el régimen Talibán retomó el poder en agosto de 2021. El ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, fue contundente al señalar que la paciencia de su nación se agotó ante los recientes ataques lanzados desde territorio afgano contra posiciones fronterizas.

La operación militar pakistaní no se limitó a la capital, pues se extendió a objetivos estratégicos en las provincias de Paktia y Kandahar. Según Mosharraf Zaidi, portavoz del primer ministro pakistaní para medios extranjeros, las incursiones provocaron la muerte de 133 combatientes talibanes y dejaron a más de 200 personas heridas. No obstante, la versión del mando afgano ofrece un balance distinto; su principal portavoz, Zabihullah Mujahid, confirmó los impactos en Kabul pero aseguró que no se registraron víctimas mortales en la zona metropolitana.
Este estallido de violencia tiene como telón de fondo la histórica disputa por la Línea Durand, una frontera que ha sido escenario de combates nocturnos intensos en los últimos días. Islamabad justifica esta escalada como una respuesta necesaria frente a la presencia del grupo insurgente Tehreek-e-Taliban Pakistan, al que acusa de utilizar suelo afgano como base de operaciones para desestabilizar la seguridad interna. Por su parte, el liderazgo en Kabul rechaza habitualmente estas acusaciones y denuncia lo que consideran violaciones sistemáticas a su soberanía nacional.

Mientras los bombardeos sacudían diversas zonas de Afganistán, las fuerzas talibanes respondieron con maniobras de retaliación en las regiones de Kandahar y Helmand. Los portavoces del régimen afgano aseguraron haber capturado dos bases y 19 puestos militares, reportando además la baja de 55 soldados pakistaníes durante los enfrentamientos. Esta abierta confrontación es la culminación de una semana marcada por la hostilidad, donde incursiones aéreas previas ya habían dejado un saldo trágico de al menos 17 fallecidos en la región.
Ni el gobierno de estados Unidos ni la Unión Europea se han pronunciado oficialmente sobre este nuevo frente de guerra que se abre en el continente asiático.

