Andrés Felipe Vacca Moreno, un joven de 22 años, falleció en el Hospital Regional de la Orinoquía E.S.E. luego de permanecer diez días batallando por su vida en la unidad de cuidados intensivos. Su muerte enluta a una familia y a la comunidad de Hato Corosal, municipio de Casanare.
El trágico desenlace se produjo a causa de las secuelas de un accidente de tránsito en el que la motocicleta que conducía Andrés colisionó con una camioneta. La violencia del impacto le ocasionó un trauma craneoencefálico.
Según los relatos de la familia y de habitantes de la comunidad de Hato Corosal, el accidente ocurrió cuando el conductor de la camioneta se movilizaba presuntamente en contravía. Testigos señalan que el vehículo transitaba por el carril que no le correspondía y se «atravesó» directamente, sin percatarse de la presencia de motocicletas.
Además, varias personas que presenciaron la situación afirman que el conductor de la camioneta se encontraba en presunto estado de embriaguez alcohólica.
La magnitud del choque fue evidente: cuando los primeros miembros de la comunidad llegaron al sitio, la motocicleta del joven estaba «despedazada», la camioneta permanecía parqueada justo en la mitad de la calle y había una considerable cantidad de sangre. Un habitante que conocía de primeros auxilios brindó asistencia inmediata a Andrés Felipe, ayudándolo para que no se ahogara mientras esperaban la llegada de la atención médica.
Posteriormente, hicieron presencia la policía, el secretario de gobierno y el inspector de policía del municipio para atender el siniestro.
Testimonios recogidos por la comunidad indican que la persona que iba al volante de la camioneta se habría bajado del vehículo y se dirigió a una casa cercana al lugar del accidente, sin ser requerida en el momento por las autoridades. Los familiares han manifestado que el conductor no le brindó los primeros auxilios al joven.
Un aspecto resaltado por los allegados de Andrés Felipe es que, al momento del impacto, el joven no portaba el casco reglamentario. Este detalle se suma a la preocupación que existe en Hato Corosal por la costumbre de muchos habitantes de movilizarse sin la debida protección, viendo el casco como una obligación normativa y no como una medida de seguridad vital.
La esperanza de esclarecer la situación recae en la evidencia: existen cámaras de seguridad, ubicadas en un billar, que captaron el momento exacto del accidente. La familia pide a las personas que presenciaron el hecho y que poseen videos que los aporten para la investigación, sirviendo como testigos y facilitando el proceso judicial que se inicia.
