La Policía Nacional de Colombia cumplió 134 años de servicio, honor y compromiso el 5 de noviembre de 2025. Se recordó un legado constante que comenzó cuando el presidente Carlos Holguín Mallarino promulgó el Decreto 1000 en 1891. Aquellos primeros serenos, que usaron faroles y silbatos para iluminar las calles, dieron origen a una institución que evolucionó, sin perder su esencia de ser el guardián del orden y la convivencia.
A lo largo de su historia, la fuerza, que actualmente contaba con más de 186 mil hombres y mujeres, combatió diversas amenazas, desde el terrorismo hasta la delincuencia común, defendiendo siempre la tranquilidad ciudadana; la institución ha implementado en los ultimos años el modelo S2D (Seguridad, Democracia y Dignidad) y reflejó una imagen favorable del 62.7% ante la ciudadanía según el gobierno Nacional.
No obstante el importante recorrido, se hace necesario un momento de reflexión sobre la relación de la policía con la comunidad y el estado actual de su autoridad. Es ciertamente vergonzoso que en Colombia no existiera ninguna ley que protegiera a los funcionarios públicos, especialmente a los policías que más se arriesgaron contra los ataques físicos de las personas en el ejercicio de su función.
Desgraciadamente, golpear policías sin consecuencias a un uniformado se había convertido casi en un deporte nacional, pues no existe una norma que lo penalice como delito.
Esto se suma a un sesgo evidente que se percibió en la rama judicial, que, según se observó, ha convertido en doctrina el proteger más al infractor que a la víctima o al funcionario que detenía al infractor.

Esta coyuntura es agravada por una evidente usurpación de funciones que fue avalada y legalizada desde el Congreso de la República, lo cual debilitó sobremanera el servicio de policía en el país.
Algunos expertos sobre eltema de seguridad, han opinado que los mandatarios regionales, buscan tener el control del servicio de policía, habían logrado que sus congresistas aprobaran medidas como quitarle el servicio de tránsito a la institución.
Este hecho se catalogó como absurdo, pues un policía de tránsito no solo controlaba la movilidad, sino que también era policía y podía contribuir a la vigilancia del sector donde estaba prestando su servicio. Adicionalmente, se recordó que el salario del policía provenía del Ministerio de Defensa, mientras que los salarios de los agentes de tránsito, mucho más onerosos, salen del rubro del municipio o del departamento.
De igual forma, las alcaldías lograron obtener cierto dominio del servicio de vigilancia, con la figura de los denominados “gestores de convivencia”. Se critica que estos gestores, además de gastarse inoficiosamente el presupuesto de los municipios y gobernaciones, poco o nada hacen por la seguridad, ya que sus funciones no van más allá de un simple poder de conciliación o de diálogo entre las partes.
En el contexto de este aniversario, se planteó que valdría la pena reconsiderar que el servicio de policía no se debía politizar, sino mantener al margen. Por ello, se enfatiza la figura de la policía como una fuerza de carácter nacional, para evitar que los caciques políticos dispusieran de sus servicios o los convirtieran en cuotas burocráticas, depredando el presupuesto de sus municipios o sus gobernaciones.
