“Eran apenas las siete de la mañana cuando el estruendo seco nos sacudió el alma allá arriba en la montaña. En estas veredas de Támara el silencio es lo único que nos sobra, hasta que un vecino pisa lo que no sabe que está ahí y la vida se le empieza a ir entre los dedos.
El muchacho iba con un compañero que por fortuna solo quedó aturdido del golpe en el oído, pero la gravedad del herido era tanta que el miedo se nos metió en el cuerpo de inmediato. Como en esta zona no entra ni un carro y la señal del celular es un milagro que casi nunca aparece, nos tocó resolver como siempre lo hacemos los que no tenemos a quién llamar.
Lo acomodamos en un chinchorro con todo el cuidado del mundo y empezamos la bajada a pie, cargándolo al hombro por esos caminos de herradura que parecen no terminar nunca.
Fueron casi cuatro horas de puro sudor y angustia hasta que logramos llegar a donde la tercera parte del camino permite que suba un vehículo. Allí nos encontramos con los bomberos y un equipo médico que venía subiendo desde el pueblo para prestarnos los primeros auxilios y tratar de estabilizarlo. En el centro de salud le pusieron sus remedios y lo prepararon para que un helicóptero se lo llevara hacia Yopal ya cuando el sol empezaba a caer, casi doce horas desúpés.
Dicen por ahí que esas trampas mortales son obra del ELN o de la gente del Frente 28 de las Farc, pero a uno lo que le queda es la zozobra de saber que el campo volvió a ser un campo minado.
Hace unos tres años nos habían dicho que Támara estaba libre de sospecha de minas, pero ahora resulta que los grupos armados se están organizando otra vez y hasta los alcaldes están amenazados. Uno escucha los helicópteros y ve los movimientos de la fuerza pública, pero la información nos llega a cuentagotas y nadie nos advierte por dónde podemos caminar seguros para trabajar nuestras fincas sin morir en el intento.
En el pueblo se comenta que ya van como cien víctimas por culpa de esta guerra que no nos deja en paz, entre muertos, heridos y gente que ha tenido que salir corriendo.
Las cuentas de los que sufren se han duplicado en los últimos seis años y eso nos hace sentir que estamos regresando a los tiempos más feos de los años noventa. Mientras las autoridades dicen que están haciendo inteligencia en reserva, nosotros seguimos aquí, esperando que el batallón de desminado pueda entrar algún día para que no nos toque volver a armar otro chinchorro de emergencia.”
Complemento:
Según la estadística oficial, señala que, en términos globales de víctimas por el conflicto armado, la cantidad solo en el municipio de Támara se ha duplicado en los últimos seis años, pasando de aproximadamente 800 personas a cerca de 1,600 personas afectadas, alrededor de 100 de ellas por minas antipersona.
