Para muchas personas, especialmente las de las nuevas generaciones, escuchar la palabra «cáncer» resulta catastrófico, transformándose en un tema complicado de asimilar. Hoy, la experiencia de Silvia Vega se convierte en un testimonio de fe, ánimo y un llamado urgente a la conciencia sobre la prevención.
La exgestora social del municipio de Yopal durante el periodo 2020-2023, Silvia Catalina Vega, está viviendo una lucha titánica contra el cáncer, una realidad que la ha obligado a enfrentar en carne propia las mismas dificultades de salud que antes ayudaba a mitigar en otras familias vulnerables durante su función social en la anterior administración.
El diagnóstico de la enfermedad llegó, sorprendentemente, por pura casualidad.
La señora Vega relata que el sistema de salud en Colombia, a través de los programas de Prevención (PIP), no se enfoca realmente en los chequeos necesarios para la detección temprana. En su caso, fue un deseo personal de realizarse exámenes generales, motivado por un tema de maternidad, lo que la llevó a solicitar una mamografía.
Este examen, que su Entidad Promotora de Salud (EPS) ni siquiera ofrecía rutinariamente hasta los 50 años, reveló un pequeño punto oscuro donde no debería estar. Tras la noticia inicial, la gestora se aferró a Dios, procurando amainar el impacto emocional de forma solitaria mientras esperaba los resultados de verificación para poder informar a su círculo más íntimo.
Esta travesía por la enfermedad le ha permitido explorar de cerca las deficiencias del sistema. Durante su labor social, constató que las familias en el territorio no tenían acceso a exámenes especializados, dependiendo de viajes constantes a Villavicencio o Bogotá. El panorama no ha cambiado; el Casanare sigue dependiendo de centros especializados externos, y aunque el sistema de salud sí responde ante enfermedades catastróficas, la cantidad de trámites y pasos burocráticos se convierte en un inconveniente significativo que desgasta a los pacientes.
Frente al tratamiento, que incluyó quimioterapias que suelen desbalancear el cuerpo y resultan muy fuertes, la exgestora se sostuvo con dos pilares fundamentales: el ánimo y la fe.
Mantener el positivismo y concentrar la energía en la superación es vital, evitando el desgaste en preocupaciones que no aportan, manifestó la exgestora social. Su enfoque se centró en una alimentación rigurosa, hábitos saludables y el consumo de suplementos, beneficiándose además del apoyo de su comunidad en Casanare, que le brindó alimentos de campo para mantenerse fuerte.
Superada una primera cirugía y la fase inicial de las quimioterapias, la exgestora ha vuelto a su hogar en Yopal, su red de apoyo más importante.
La enfermedad ha generado una profunda reflexión personal: la necesidad de no dar por sentada la vida y el valor de la gratitud diaria por las cosas más sencillas (la familia, la salud, un techo). Este nuevo capítulo la ha motivado a canalizar su experiencia, que ella considera un reto, hacia el servicio social. Busca inspirar y orientar a otras personas que atraviesan circunstancias similares, compartiendo experiencias sobre cómo abordar trámites y procesos, y contagiando el ánimo necesario en momentos de crisis.
Su mensaje resuena con una invitación a actuar: no postergar las citas médicas ni los controles básicos, ya que la salud es un bien frágil que no podemos desatender y el primer responsable de nuestra salud, somos nosotros mismos.
