Una madre en el municipio de San Luis de Palenque, Casanare, denunció que su hija de 3 años presuntamente habría sido víctima de abuso sexual al interior del jardín infantil CDI Gabancitos, operado por la Fundación para el Desarrollo Integral del Ser Humano Fundaer y adscrito al ICBF.
«Mami, es que me lastimaron y me hicieron sangrar mi vagina»: el desgarrador relato de una madre sobre el presunto abuso sexual de su hija de 3 años en un CDI de San Luis de Palenque
El pasado 10 de marzo, lo que empezó como un día normal para una familia en San Luis de Palenque, Casanare, se convirtió en una pesadilla. La madre de una niña de 3 años, que protegemos su identidad, relató a este medio los hechos que la tienen clamando justicia.
Según su testimonio, su hija habría sido víctima de abuso sexual al interior del CDI Gavancitos, operado por la Fundación para el Desarrollo Integral del Ser Humano Fundaer Bit, adscrito al ICBF.
Ese día, todo transcurrió con normalidad. «Yo misma levanto a la niña, yo la baño, yo la alisto», relata la madre. La menor fue llevada al jardín por sus padres alrededor de las 7:40 a.m. y entregada en el portón al auxiliar.
Al regresar a las 2:50 p.m. para recogerla, junto a su esposo, curiosamente la profesora le manifestó solamente al grupo de la niña, que debían esperar para diligenciar unos formatos; firmaron los documentos que ellos presumen son los que habitualmente diligencia para la entrega de la bienestarina.
Luego de esto proceden a recoger la menor que se encontraba en el salón con la docente.
Fue minutos después, en el local comercial donde trabaja la madre de la niña, cuando ocurrió lo que partiría su mundo. «No pasa ni dos minutos cuando mi hija me manifiesta que quiere ir al baño», recuerda la madre. «En el primer chorrito de chichí, mi hija empieza a llorar, a gritar que le duele».
Desesperada, la madre la revisa y nota algo anómalo. Minutos después llega su esposo, le pide ayuda y la ponen en una camilla. «Al tratar abrirle las piernas a la niña, nos damos cuenta que tiene un rasguño en su vagina y tiene sangre», relata.
Corren a una droguería vecina, donde la farmaceuta alcanza a observar «una fisura a un costado dentro de la vagina», por lo que optan por llevarla inmediatamente al centro de salud.
En el hospital, la médica de turno, a quien la madre describe como «un ángel», revisa a la menor y confirma la gravedad. «A la niña le pasó algo, porque esto no es ninguna infección, esto no es ninguna quemadura», recuerda la madre que les manifestó preocupada la doctora.
Inmediatamente la galena activa el protocolo para estos casos; la niña fue sometida a exámenes forenses. La ropa interior de la menor que había usado ese día y que presentaba una mancha de sangre ya seca, fue entregado como evidencia.
En entrevista con una psicóloga, la menor, que inicialmente se mostraba temerosa, pudo dar detalles. «Con imágenes pedagógicas, con juegos, le dice que señale dónde le pasó eso, dónde la lastimaron y ella con un color señala al jardín», cuenta la madre. La niña también dijo que quien le hizo daño era «una sombra negra» y que le hablaba «muy feo».
«Las veces que la niña ha hecho el relato, siempre dice que el daño se lo causaron en el jardín y que es esa sombra con esa voz», enfatizando que su relato siempre ha sido consistente.
La denunciante ha enfrentado una serie de obstáculos. Un derecho de petición al ICBF y la fundación operadora recibió respuesta días después. En ella, se afirma que no hay cámaras de seguridad en el CDI (aunque la madre asegura que las hubo el año pasado por un robo) y que no existen bitácoras de acompañamiento al baño, a pesar de que el protocolo indicaría que los niños deben ser acompañados.
«Los niños sí estaban yendo solos al baño», le confirmaron otras madres del grupo, según su relato.
La falta de información y la demora en las investigaciones han sumido a la familia en la angustia. «Yo solo pido que me ayuden, porque esto no se puede quedar así», implora la madre. «La gente dice que porque esto es un pueblo nadie va a hacer nada, pero a mí ¿quién me da respuesta de mi hija? Nadie se ha comunicado conmigo».
Asegura que desde las autoridades solo han recibido respuestas evasivas: «Que está en investigación, que hay procesos, que tengo que esperar. Ya pasó una semana y no se sabe nada, no hay resultados de medicina legal».
En medio del dolor, la familia también lidia con los comentarios malintencionados. «Ya la gente ha empezado a rumorar cosas que son realmente dolorosas para nosotros», señala, aludiendo a versiones que buscan desviar la responsabilidad hacia su esposo. «¿Cómo pueden decir eso cuando yo misma la bañé, yo misma la llevé, y lo que le pasó se evidencio apenas llegamos al local?».
El hogar de la menor se ha transformado en un espacio de contención. «Mi hija en muchas ocasiones se ha sentado conmigo y me dice ‘Mami, tengo que decirte algo’, y me dice ‘Mami, es que me lastimaron y me hicieron sangrar mi vagina'», relata la madre con la voz quebrada. «Al escuchar eso, a mí se me parte el alma». La niña, según su madre, aún expresa dolor y molestia, y los primeros días después del hecho no podía dormir con ropa interior.
Mientras tanto, la familia espera respuestas. La madre exige que se aclare lo sucedido y que se haga justicia. «Yo solo quiero que las cosas se aclaren, que me digan quién fue. Que no se hagan los de los ojos cerrados».
Las autoridades tienen la palabra para esclarecer un caso cruel dejando a una familia rota, con el único consuelo de las palabras de una niña de 3 años que, con su corta edad, sigue intentando contar lo que le pasó.
