Las Fuerzas Militares de Colombia ejecutaron una operación de alta precisión en las selvas del Vaupés que resultó en la muerte de alias Lorena, identificada como la compañera sentimental de Néstor Gregorio Vera Fernández, conocido como Iván Mordisco.
El ataque ocurrió al amanecer del pasado 26 de marzo en una zona rural de Pacoa, a orillas del río Apaporis, donde funcionaba un campamento estratégico del bloque Amazonas del Estado Mayor Central. Aunque la intervención buscaba neutralizar al principal cabecilla de esta disidencia, el objetivo logró escapar por tercera vez en cuatro años, dejando tras de sí sus gafas recetadas y el rastro de un combate que se prolongó por casi una hora.


Alias Lorena cumplía funciones fundamentales dentro de la organización como radista y acompañaba permanentemente a Vera Fernández en sus desplazamientos por la espesura del sur del país. Su relación, consolidada desde 2021 y de la cual nació un hijo hace un año, estaba marcada por una fuerte influencia sobre el comandante, quien según testimonios solo confiaba en los alimentos que ella misma le preparaba.
No obstante, los informes de inteligencia también la vinculaban con episodios de extrema violencia interna motivados por sospechas personales. Uno de los casos más recientes ocurrió en octubre de 2025, cuando presuntamente ordenó el fusilamiento de Yenny Lara, otra integrante del grupo, tras una serie de reclamos por disputas sentimentales y económicas en una zona límite entre Caquetá y Amazonas.
La incursión militar, que combinó bombardeos de la Fuerza Aeroespacial y un desembarco de comandos especiales, permitió la recuperación de seis cuerpos, además de fusiles, abundante munición y material tecnológico.


Mientras las autoridades avanzan en la identificación plena de los restos en Medicina Legal, la persecución contra Iván Mordisco se mantiene en la densa vegetación. Las autoridades presumen que el líder insurgente huye herido y con visión limitada tras haber abandonado sus lentes por segunda vez en medio de una huida precipitada.
Vera Fernández, por quien se ofrece una recompensa de cinco mil millones de pesos, arrastra un historial de tres décadas de actividad criminal que incluye la promoción de ataques con drones y su participación en tomas guerrilleras a finales de los años noventa.
