En el mundo del derecho, donde los tecnicismos suelen silenciar la humanidad, el abogado José Bolívar ha construido un legado de resistencia. Con una trayectoria marcada por haber ganado más de 550 tutelas en temas de salud sin cobrar un solo centavo, Bolívar se ha convertido en la esperanza de quienes el sistema ignora.
Esta información sobre su récord profesional no figura en los expedientes judiciales, pero define la esencia de su intervención en el caso del pequeño Samuel Esteban Roldán Sierra. Cuando el abogado conoció la historia de este niño de doce años con una condición de salud compleja, no buscó representarlo de la forma tradicional, sino que decidió empoderarlo.
Bolívar se apersonó de la situación y brindó una asesoría fundamental para que fuera el mismo menor quien redactara su tutela.
El objetivo era que el menor expresara sus deseos y pensamientos de forma fehaciente y ajustada a derecho, utilizando un lenguaje que conmoviera por su sinceridad y sencillez.

Gracias a este acompañamiento, el documento que llegó a los tribunales no era un frío texto legal, sino el relato de un niño que llamaba héroe a su padre un patrullero de la Policía, y describía cómo su casa, que debía ser un lugar de juegos, se había convertido en un sitio de preocupaciones y deudas por la falta de insumos médicos.
Sin embargo, la justicia de primera instancia interpretó mal esta autonomía. Al ver que Samuel actuaba por sí mismo, una juez en Aguazul ordenó iniciar un proceso de restablecimiento de derechos ante la Comisaría de Familia, bajo la sospecha de que el menor estaba desprotegido por sus padres.
Esta decisión amenazaba con separar a Samuel de su entorno protector, castigando a su familia por una negligencia que en realidad era responsabilidad de la Sanidad de la Policía Nacional al no entregar las 540 sondas mensuales y otros insumos vitales para el niño.
El caso llegó entonces al despacho de la juez Lina Gisseth López Nausan, quien corrigió el rumbo de esta historia. La juez comprendió que la valentía del niño, asesorada por Bolívar, no era un signo de abandono sino un ejercicio de dignidad. Al revocar las órdenes que vinculaban a la Comisaría de Familia, la funcionaria reconoció que los padres brindan un apoyo constante y que la verdadera falla estaba en la entidad de salud.

Para cerrar este proceso con la humanidad que el abogado Bolívar inició, la juez López Nausan redactó una precisión final dirigida exclusivamente al niño.
En un tono que devuelve la confianza en las instituciones, la juez le aseguró que su determinación fue la de un niño fuerte y que las órdenes para su tratamiento se mantenían firmes.
Le prometió que sus riñoncitos estarían bien, que su madre no tendría que llorar más por la falta de medicinas y que, finalmente, su hogar volvería a ser el territorio de juegos y armonía que siempre debió ser.
Es así como la asesoría desinteresada de un abogado y la sensibilidad de una juez permitieron que la voz de un niño se transformara en un precedente de justicia real.
