En una coincidencia alarmante que parece una «promoción» bélica, el mundo asiste al inicio de dos guerras frontales en una misma región y en un intervalo menor a dos días. El 27 de febrero de 2026, Pakistán declaró una «guerra abierta» contra el gobierno de Afganistán tras intensos bombardeos en ciudades como Kabul y Kandahar.
Apenas 48 horas después, el 1 de marzo, Estados Unidos e Israel lanzaron una gran campaña militar contra Irán, resultando en la muerte de su líder supremo, Alí Jamenei.
Consecuencias para la estabilidad y la economía mundial Esta escalada simultánea ha sumergido a la región en un «modo de supervivencia» que amenaza la economía global. Los ataques iraníes de represalia ya han alcanzado puntos neurálgicos como Dubái, Doha y Kuwait, lugares clave para el comercio y la presencia militar internacional. Analistas advierten que esta ofensiva sin precedentes ha abierto la puerta al caos regional, afectando incluso a centros del turismo de lujo y la estabilidad de los aliados de Occidente en la zona.

¿Un desenlace corto o una nueva «guerra de Ucrania»? A diferencia de un conflicto relámpago, los expertos prevén escenarios de larga duración:
- Irán: Se advierte que este podría ser el inicio de una «nueva guerra larga» para Estados Unidos, con un camino hacia el cambio de régimen que será «potencialmente largo y muy accidentado». Teherán se prepara para una guerra sostenida.
- Afganistán: Aunque Pakistán posee superioridad militar y armas nucleares, el Talibán cuenta con décadas de experiencia en guerra de guerrillas, lo que augura un conflicto desgastante y difícil de concluir por la vía convencional.
La cercanía geográfica de estos frentes y la magnitud de los actores involucrados sugieren un estancamiento bélico que, al igual que en Ucrania, podría prolongarse por tiempo indefinido, desestabilizando múltiples frentes de manera coordinada.
